Hasta donde se sabe, Venus tiene un entorno natural extremadamente hostil. Su temperatura superficial alcanza los 500°C, con más del 90% de su atmósfera compuesta de dióxido de carbono, lluvias ácidas corrosivas frecuentes y tormentas de calor más violentas que un huracán de categoría 12 en la Tierra. La densa capa de nubes en Venus dificulta que las sondas capturen una imagen clara del planeta, y no fue hasta la década de 1980 que las sondas estadounidenses fotografiaron por primera vez las numerosas ruinas en su superficie.

Estas ruinas tienen forma de pirámide, asemejándose a conos triangulares, con un total de 20,000 estructuras esparcidas por Venus. Se disponen en una formación única de rueda de carro, con una metrópoli en el centro y caminos radiales que conectan los pueblos circundantes. Los investigadores especulan que estas ciudades en forma de pirámide podrían proteger eficazmente contra las condiciones climáticas extremas. El científico soviético Nikolai Ribinchikov anunció este descubrimiento por primera vez en 1989, atrayendo una atención significativa de la comunidad científica.

Inicialmente, había dudas de que estas ruinas pudieran atribuirse a fallos de las sondas o interferencias atmosféricas. Sin embargo, investigaciones más profundas confirmaron que estas son realmente restos de una civilización antigua, que se cree fueron construidos por alguna forma de vida inteligente. Estas ciudades han colapsado o están a punto de colapsar, lo que indica que la civilización ha desaparecido hace mucho tiempo. El científico soviético Alexei Puskov señaló además que también se han descubierto en Venus 'piedras con rostros' similares a las encontradas en Marte, lo que sugiere que el planeta pudo haber experimentado un evento catastrófico en su civilización.